Explore more publications!

Dr. Juan Carlos Torres del Río advierte: biopolímeros y salud, un problema inflamatorio e inmunológico

Juan Carlos Torres del Río

Juan Carlos Torres del Río

Juan Carlos Torres del Río

Juan Carlos Torres del Río

Juan Carlos Torres del Río

Juan Carlos Torres del Río

Juan Carlos Torres del Río

Juan Carlos Torres del Río

Juan Carlos Torres del Río

Juan Carlos Torres del Río

Dr. Juan Carlos Torres del Río explica por qué los biopolímeros pueden causar inflamación crónica y síntomas sistémicos, más allá de lo estético.

Los biopolímeros no son solo estética: pueden activar inflamación crónica y respuestas inmunológicas. Por eso el diagnóstico y el seguimiento son claves.”
— Dr. Juan Carlos Torres del Río

BARRANQUILLA, ATLáNTICO, COLOMBIA, February 12, 2026 /EINPresswire.com/ -- En Colombia y en buena parte de América Latina, el tema de los biopolímeros suele aparecer en la conversación pública como un problema “estético” asociado a procedimientos clandestinos o a decisiones del pasado que hoy generan arrepentimiento. Sin embargo, para el Dr. Juan Carlos Torres del Río, cirujano plástico y reconstructivo, especialista en retiro de biopolímeros y reconstrucción glútea, el enfoque debe cambiar: “Cuando hablamos de biopolímeros no hablamos solo de apariencia. Hablamos de inflamación crónica, de reacciones inmunológicas y de un material que puede comportarse como un desencadenante sistémico en ciertos pacientes. Reducirlo a estética es minimizar un problema de salud”.

La advertencia no se basa únicamente en el dolor local o en la deformidad. El punto central es que, en algunas personas, la presencia de sustancias inyectadas —de origen incierto o no autorizado— puede activar respuestas que van más allá del área donde se aplicaron. Por eso, el tema ha dejado de ser un asunto exclusivo de la cirugía estética y se discute cada vez más en términos de seguridad del paciente, diagnóstico oportuno y manejo integral.

“Lo que vemos en consulta es que el cuerpo no siempre ‘tolera’ ese material”, explica Torres del Río. “Puede encapsularlo, puede inflamarse alrededor, puede migrar, y en algunos casos el paciente describe síntomas que no se limitan a un glúteo o a una pierna. Hay personas con fatiga, dolor persistente, episodios inflamatorios recurrentes, y un historial de síntomas que se confunden con otras enfermedades. No se puede generalizar, pero tampoco se puede ignorar”.

Biopolímeros: qué se entiende y por qué el nombre confunde

En la calle, “biopolímeros” se convirtió en una palabra paraguas: se usa para hablar de sustancias inyectadas con fines de aumento de volumen (especialmente en glúteos y piernas), a menudo aplicadas fuera de entornos médicos regulados. En la práctica, el problema es doble: por un lado, el paciente muchas veces no sabe qué le inyectaron; por otro, incluso cuando se menciona un producto específico, puede existir adulteración, mezcla o procedencia incierta.

“Un reto enorme es que el paciente llega sin certeza del material”, afirma el Dr. Torres del Río. “A veces le dijeron ‘ácido hialurónico’, ‘colágeno’, ‘vitaminas’, ‘plasma’, o ‘relleno definitivo’. La realidad es que los casos graves suelen tener sustancias no aptas para infiltración o productos industrializados, mezclas, aceites o silicones de origen desconocido. El nombre no importa tanto como lo que ese material está causando en el cuerpo”.

Esa incertidumbre complica el diagnóstico, porque la respuesta clínica puede variar: hay pacientes con manifestaciones locales, otros con migración, otros con inflamación recurrente; algunos con síntomas que aparecen años después. Y, en muchos casos, el primer error es esperar demasiado por miedo, vergüenza o desinformación.

De lo estético a lo médico: cuando el cuerpo entra en “modo defensa”

El organismo humano está diseñado para reaccionar ante lo que percibe como extraño. Cuando una sustancia se infiltra y no es biodegradable o no es reconocida como segura por el cuerpo, puede activarse una respuesta que, en términos generales, se parece a una defensa prolongada: inflamación local persistente, formación de granulomas, fibrosis y encapsulamiento.

“En consulta lo explico de forma simple: el cuerpo intenta ‘encerrarlo’ o aislarlo”, dice Torres del Río. “Pero esa reacción no siempre se queda quieta. Puede haber fibrosis que endurece tejidos, dolor al tacto, aumento de temperatura local, cambios en la piel, irregularidades, y también episodios que se activan por periodos: hoy está bien, mañana se inflama”.

Esa dinámica —aparente mejoría seguida de recaídas— es una razón frecuente por la que el paciente minimiza el riesgo. “El problema es que, con el tiempo, la inflamación puede avanzar, comprometer planos de tejido y dificultar el manejo. Y si hay migración del material, la complejidad aumenta”, advierte.

El componente inmunológico: por qué algunos pacientes presentan síntomas “a distancia”

El punto más sensible, y a la vez más desconocido para el público, es el componente inmunológico. Torres del Río explica que hay pacientes que consultan no solo por deformidad o dolor local, sino por una historia de malestar general, brotes inflamatorios, cansancio severo o síntomas que no encajan con diagnósticos previos. En parte, porque el sistema inmune puede responder de maneras distintas según predisposición genética, comorbilidades, exposición previa y la naturaleza del material infiltrado.

“Es importante ser cuidadosos: no todo síntoma general se debe atribuir automáticamente a biopolímeros”, aclara. “Pero también es cierto que, en determinados pacientes, el material puede actuar como un estímulo crónico, un desencadenante de inflamación sostenida. Eso merece evaluación seria, no juicio”.

En términos clínicos, el objetivo es identificar patrones: temporalidad, episodios de inflamación, signos locales, estudios de imágenes y correlación con el antecedente de infiltración. El error, señala, es tratarlo como un tema de vanidad y no como un antecedente médico relevante.

Señales de alarma: cuándo el paciente debe consultar sin esperar

Aunque cada caso es diferente, el Dr. Torres del Río enumera señales que deberían llevar a una valoración médica especializada, especialmente si existe antecedente de infiltración con sustancias de origen incierto:

Dolor persistente en la zona infiltrada, que no mejora o reaparece por brotes.

Inflamación, aumento de volumen o endurecimiento progresivo (fibrosis).

Cambios en la piel: enrojecimiento recurrente, calor local, irregularidades, adelgazamiento o coloración anormal.

Nódulos o masas palpables, con o sin dolor.

Asimetrías y deformidades que empeoran con el tiempo.

Síntomas asociados como sensación de malestar general en conjunto con brotes locales.

Limitación funcional: dolor al caminar, sentarse o hacer actividad cotidiana.

Episodios de infección o supuración (urgencia médica).

“Si hay signos de infección, fiebre, secreción o dolor intenso, no es un tema para ‘esperar a ver si pasa’”, enfatiza. “Y si no hay infección, pero hay fibrosis, migración o brotes repetidos, tampoco es prudente prolongar la consulta. Entre más temprano se evalúa, más opciones de manejo responsable se pueden plantear”.

Diagnóstico: por qué no se trata de “mirar” y ya

Uno de los obstáculos más comunes es la subvaloración clínica. El paciente llega, muestra la zona, y se asume que todo se resolverá con un procedimiento. Torres del Río insiste en que el diagnóstico debe ser estructurado y que la evaluación no depende solo de la apariencia.

“Los biopolímeros pueden estar en planos profundos, pueden migrar, pueden coexistir con fibrosis extensa. Por eso el examen físico debe acompañarse de estudios, en especial imágenes que permitan ver extensión, ubicación aproximada y compromiso de tejidos”, explica. El objetivo es tener un mapa: qué tanto material hay, dónde está, qué estructuras se ven afectadas, y cuáles son los riesgos.

Además, el diagnóstico incluye algo esencial: entender al paciente. “No se trata solo del material. Se trata de su estado de salud, su historia, su piel, su vascularización, su capacidad de cicatrización, su riesgo de complicaciones. El plan se hace para esa persona, no para el ‘caso promedio’”.

“Retirar” no siempre significa “resolver”: la complejidad del tratamiento

Cuando el tema se vuelve público, la pregunta que más se repite es: “¿Se puede quitar todo?”. La respuesta, en términos responsables, es que el manejo de biopolímeros suele ser complejo y depende de múltiples factores. En algunos casos, se puede retirar una gran parte; en otros, el material puede estar tan infiltrado en tejidos que el retiro completo puede implicar daños o riesgos que deben ponderarse.

“Lo primero es ser honestos: no existe una respuesta única”, dice Torres del Río. “Hay pacientes con depósitos más localizados y otros con compromiso difuso. Hay migración a zonas inesperadas. El abordaje puede requerir etapas, reconstrucción, y un proceso que no se mide en días sino en meses”.

El objetivo clínico se formula de manera realista: reducir inflamación, retirar material en la medida de lo posible con seguridad, mejorar función, aliviar dolor, y luego, si corresponde, planear reconstrucción de tejidos.

Reconstrucción: cuando la cirugía no termina al retirar el material

Otro punto poco comprendido por el público es que el retiro del material puede dejar defectos, irregularidades o pérdida de volumen que requieren reconstrucción. En el caso glúteo, por ejemplo, el tejido puede quedar debilitado, fibrosado o con áreas deprimidas.

“Por eso hablamos de retiro y reconstrucción como dos capítulos diferentes”, explica Torres del Río. “Primero hay que controlar el problema de base: el material extraño y la reacción inflamatoria. Después se evalúa la reconstrucción, porque no se debe hacer ‘belleza’ sobre un terreno inflamado e inestable”.

La reconstrucción no es una promesa estética; es una parte de la recuperación funcional y anatómica en algunos pacientes. Puede incluir manejo de tejidos, corrección de deformidades y planificación para evitar complicaciones. “Reconstruir no siempre es inmediato. A veces el cuerpo necesita tiempo para estabilizarse”, añade.

El factor emocional: vergüenza, culpa y silencio como riesgos clínicos

El Dr. Torres del Río advierte que muchos pacientes tardan años en consultar, no por falta de síntomas, sino por vergüenza o miedo. Algunos sienten culpa por haber accedido a procedimientos clandestinos; otros temen ser juzgados. Ese retraso, dice, es un factor que empeora el pronóstico.

“Necesitamos un enfoque de salud pública sin estigma”, afirma. “La persona no debería sentir que consultar es exponerse al juicio. Consultar es proteger su salud. Mientras más se demore, más fibrosis puede haber, más migración, más complejidad”.

El silencio también se refuerza por desinformación. En redes circulan “soluciones” caseras o intervenciones no médicas que prometen eliminar el material sin cirugía. “Eso es peligroso”, advierte. “El manejo de biopolímeros requiere criterio médico, evaluación real y protocolos. No es un problema para improvisar”.

Prevención: la única estrategia infalible es evitar la infiltración

Aunque el enfoque terapéutico es necesario, Torres del Río subraya que el mensaje preventivo sigue siendo el más importante: no permitir infiltración de sustancias de origen dudoso con fines estéticos, especialmente fuera de ambientes regulados.

“Lo que parece económico termina siendo costoso en salud”, dice. “Y lo que se ofrece como ‘rápido’ termina siendo un proceso largo. La prevención es educación: saber que no todo lo que se inyecta es seguro, que no todo ‘relleno definitivo’ es medicina, y que la salud no se negocia”.

También recomienda que, ante cualquier procedimiento estético, el paciente verifique credenciales, entorno clínico, consentimiento informado y trazabilidad del producto. “La regla es simple: si no hay claridad, no hay procedimiento”.

Un enfoque integral: inflamación, inmunidad, tejido y seguimiento

Al insistir en que el problema no es solo estético, Torres del Río propone un marco integral de manejo:

Evaluación médica completa del paciente y de la zona comprometida.

Imágenes y estudios pertinentes según el caso.

Identificación de síntomas locales y sistémicos y su evolución.

Plan quirúrgico o terapéutico por etapas, cuando se requiere.

Manejo del componente inflamatorio y de la salud general del paciente.

Seguimiento prolongado, porque el comportamiento del tejido cambia con el tiempo.

Consideración de reconstrucción solo cuando el terreno esté estable.

“Un paciente con biopolímeros no se ‘resuelve’ en una cita”, explica. “Se acompaña. Se evalúa. Se toman decisiones informadas. Y se revisa la evolución”.

Qué debe exigir el paciente: claridad, realismo y seguridad

En un entorno donde abundan mensajes confusos, el Dr. Torres del Río recomienda que el paciente se enfoque en criterios de seguridad y transparencia:

Un plan que incluya diagnóstico (no solo “te opero y ya”).

Explicación de riesgos, límites y posibilidades reales, sin promesas absolutas.

Discusión de escenarios: retiro parcial vs. amplio, etapas, tiempos, cuidados.

Seguimiento y control posterior, con atención a signos inflamatorios o infecciosos.

Un enfoque que trate el caso como un problema de salud, no como un “arreglo estético”.

“Desconfíe de quien garantice resultados perfectos o minimice el riesgo”, señala. “En medicina, la seriedad se nota cuando el profesional habla también de lo que puede salir mal y de cómo se previene”.

Por qué este tema debe interesar al público general

Para Torres del Río, hablar de biopolímeros no es hablar de moda ni de farándula. Es hablar de salud pública: procedimientos clandestinos, sustancias no aptas, complicaciones tardías y pacientes que atraviesan dolor, limitación funcional y afectación emocional.

Además, el fenómeno tiene una característica peligrosa: puede manifestarse años después. Eso hace que personas que “se hicieron algo” hace mucho tiempo, y que hoy se sienten bien, no relacionen síntomas nuevos con un antecedente antiguo. “Por eso la historia clínica importa”, dice. “Y por eso el periodismo en salud debe informar: para que el paciente entienda que esto no siempre se ve de inmediato”.

Un llamado a informar sin morbo y a consultar sin miedo

El Dr. Juan Carlos Torres del Río insiste en dos mensajes finales: el primero, para la sociedad y los medios, es tratar el tema con seriedad, sin burla ni morbo. El segundo, para los pacientes, es consultar sin miedo y sin vergüenza.

“Los biopolímeros no son un ‘castigo’ por una decisión”, concluye. “Son un problema médico que merece atención profesional. Si hay dolor, inflamación, fibrosis o síntomas recurrentes, hay que evaluarlo. Entre más temprano se haga, mejor se pueden planear soluciones seguras”.

Acerca del Dr. Juan Carlos Torres del Río
El Dr. Juan Carlos Torres del Río es cirujano plástico y reconstructivo, con enfoque clínico en retiro de biopolímeros y reconstrucción glútea/tejidos. Su trabajo se centra en el manejo médico-quirúrgico de complicaciones por sustancias infiltradas y en el abordaje integral del componente inflamatorio y reconstructivo asociado.

Dr. Juan Carlos Torres del Río
Dr. Juan Carlos Torres del Río
+57 3102758297
email us here
Visit us on social media:
Instagram

Legal Disclaimer:

EIN Presswire provides this news content "as is" without warranty of any kind. We do not accept any responsibility or liability for the accuracy, content, images, videos, licenses, completeness, legality, or reliability of the information contained in this article. If you have any complaints or copyright issues related to this article, kindly contact the author above.

Share us

on your social networks:
AGPs

Get the latest news on this topic.

SIGN UP FOR FREE TODAY

No Thanks

By signing to this email alert, you
agree to our Terms & Conditions